Otra ola de calor

Por Roberto Pastén, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Austral de Chile y ex ministro titular del Tercer Tribunal Ambiental.

Hasta ahora, los impactos del cambio climático han estados asociados al daño medioambiental. Pero, el aumento de las temperaturas ya está generando impactos en la economía y en la vida de las personas: diversos estudios demuestran la relación entre unos grados Celsius más y las epidemias, violencia y muerte. Entender las restricciones de adaptación en nuestro país debiera ser un área prioritaria de investigación para un adecuado diseño de políticas

En general, el cambio climático ha estado asociado a impactos severos que podrían ocurrir a fines de este siglo en el medio ambiente, la biodiversidad y el hábitat de las especies, entre otros. Sin embargo, recientes investigaciones demuestran que el efecto del aumento de las temperaturas ya ha comenzado a evidenciarse en la economía y la vida de las personas.

Estos estudios, demuestran que la temperatura está ejerciendo una influencia extraordinaria sobre los seres humanos: mayor mortalidad, efectos adversos duraderos en la salud, impacto en los fetos y los niños, agresión, violencia, menor productividad y modificaciones en la estructura demográfica. Estos efectos pueden ser sustanciales. Un reciente estudio de Tamma Carleton y Solomon Hsiang de la Universidad de Berkeley, publicado en la prestigiosa revista Science muestra que las altas temperaturas han reducido la producción de maíz en un 48 % y que el riesgo de conflicto en África aumentó 11% desde 1980, por el creciente calentamiento global. Además, dicen esos autores, el incremento futuro de la temperatura podría reducir la tasa de crecimiento del producto mundial en un 0,28%.

Otro estudio, de Hajat y otros investigadores publicado por la Revista de Epidemiologia arroja que en Nueva Delhi (India) las muertes aumentan 3,2 % por cada grado celsius que se registra sobre los 20 grados. Descheres y Moretti por su parte, en Review of Economics and Statistics sostienen que en Estados Unidos, los días en que el termómetro marca sobre 32,2 grados celsius la mortalidad masculina sube entre 2% y 1,4 %.

Otro impacto es la propagación de enfermedades infecciosas. Un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima en 250 millones las personas infectadas anualmente por malaria y dengue, y que el ciclo de vida de los mosquitos que propagan estas enfermedades está fuertemente influenciado por la temperatura.

El mismo Deschenes y otros autores, ahora en una publicación de American Economic Review muestran evidencia de que la exposición de las mujeres embarazadas a las altas temperaturas puede hacer que se reduzca el peso de los niños al nacer, por el impacto de las altas temperaturas en el útero. Es más, bajo presiones económicas debido al clima, mujeres y niñas de Africa Sub-Sahariana están compensando la caída en los ingresos mediante el comercio sexual, lo cual ha llevado a un incremento del VIH según indica un estudio publicado en Economic Journal.

Otros estudios muestran de manera creciente que la violencia interpersonal aumenta con la temperatura. Esta respuesta se manifiesta en agresiones de bajo nivel como el uso excesivo de la bocina, comportamiento antisocial hacia los empleados públicos, y el uso de palabras profanas en medios sociales. Pero también, en crímenes violentos como violaciones, muertes, robos y asaltos. Durante los periodos modernos de calentamiento, los estudios sugieren que las condiciones de alta temperatura aumentan la violencia colectiva en lugares tan diversos como la India, invasiones de tierra en Brasil e intensidad de la guerra civil en Somalia. Por cada grado que sube la temperatura, la violencia aumenta 11%.

Las altas temperaturas provocan aumentos de demanda poniendo presión sobre la disponibilidad energética. Y los costos asociados al clima suben si las altas temperaturas coinciden con las restricciones energéticas, como sucede en Cuba. Debido a la crisis venezolana, se redujo la provisión de petróleo, que es la fuente principal de energía en la isla.

Durante el verano cubano, la mayor parte de los establecimientos funcionaron hasta media mañana con toda la pérdida de productividad que esto implica. En la población se instaló el fantasma del “período especial” de la década del 90 donde los apagones eran cada vez más largos y frecuentes.

En Holguín, Atenas y otras ciudades de características climáticas similares el clima es mucho más agradable en invierno, primavera y otoño. Sin embargo, imagine un escenario de temperaturas extremas durante la mayor parte del año en todo el mundo. Para muchos científicos, ese es el escenario probable en que muchas ciudades del mundo se encontrarán hacia fines de este siglo si el calentamiento global del planeta continua tan rampante.

Las nuevas estimaciones empíricas sugieren que las condiciones climáticas actuales imponen costos económicos y sociales sustanciales a la población. Estas pérdidas, sin embargo, pueden ser evitadas si la gente consigue adaptarse a estas nuevas dimensiones del clima. Y ello no está ocurriendo.

La evidencia existente sugiere que los costos de adaptación son altos. Financiar el cambio a las nuevas condiciones climáticas y de vida, implica planificar riesgos futuros, contar con información correcta, incentivos, instituciones sólidas, y acceso a tecnologías. Y nada de eso es barato.

Entender las restricciones de adaptación en nuestro país debiera ser un área prioritaria de investigación para un adecuado diseño de políticas públicas, que reduzcan el costo de implementación o eliminen las fallas de mercado que las impidan. Esto traerá beneficios sustanciales a las generaciones actuales que en la actualidad comienzan a sufrir costos económicos y sociales importantes debido al clima y también beneficiará a las futuras generaciones de chilenos.



Categories: Cambio Climático


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